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"La vida, como la fotografía, consiste en positivar lo negativo"

Julio de 2013

Cantabria y Asturias

Entre el mar y la montaña

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Los lagos de Covadonga: el lago de la Ercina a la izquierda y el lago de Enol a la derecha.

  Quería salir con mi hijo a pasar unas vacaciones. Con seis años y tras la experiencia del viaje a París, pensamos en algo cercano, pero, a su vez, atractivo para el crío. A 200 kms de nuestro pueblo tenemos el maravilloso parque de Cabárceno, así que decidimos pasar unos días por Cantabria y después hacer una pequeña incursión hasta Asturias. Mi hermana se vino con nosotros y creo que quedó un buen recuerdo para todos. La próxima vez que nos planteemos un safari fotográfico espero que sea de verdad, en Tanzania o Kenia... De momento este es nuestro "pequeño safari" en Cabárceno.

  El viaje por la cornisa cantábrica se desarrollaba de la siguiente manera:

  Etapa 01 : Astigarraga - Isla (Cantabria)
  Etapa 02 : Isla - Parque de Cabárceno - Isla
  Etapa 03 : Isla - Noja - Isla
  Etapa 04 : Isla - Fuente Dé - Póo de Cabrales
(Asturias)
  Etapa 05 : Póo - Poncebos - Póo
  Etapa 06 : Póo - Lagos de Covadonga - Póo
  Etapa 07 : Póo de Cabrales - Astigarraga


  Tres CC.AA. Euskadi, Cantabria y Asturias. Recorrimos un total de 900 kms en este viaje de iniciación para mi hijo.
Espero que el "gusanillo" de viajar se le cuele por el cuerpo...

Mapa del recorrido.

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Astigarraga - Isla

  Con todo preparado de víspera, cargamos las maletas en mi Dacia Lodgy y salimos por la A-8 en dirección a Santander sobre las 11:00 de la mañana. La intención era llegar a comer a la localidad de Isla en la costa cántabra. Había encontrado un camping en Internet que, relativamente cerca de Cabárceno y junto a la playa, nos haría de puente para ir a visitar el parque, antes de

continuar hacia Asturias. En una hora y media recorrimos tranquilamente los 130 kms que separan Astigarraga de Castro Urdiales y a eso de las 12:30 hicimos una pausa en la localidad marinera. 

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La localidad de Castro urdiales.

  Íbamos muy bien de tiempo y decidimos ver este bonito pueblo y estirar las piernas. Aproveché para que, el crío, ávido de acción y cargado de energía, comiera y sobre todo bebiera algo mientras jugaba en la arena de un parque. 

Mi hijo jugado en el parque de Castro Urdiales.

  El Camping Playa de Isla, es un lugar muy tranquilo y con unos bungalows que, aun sin ser un hotel, siempre es más cómodo que dormir en un saco dentro de una tienda de campaña. Iban a ser tres noches de estancia y, desde allí, haríamos alguna que otra salida. El día estaba bochornoso y, en consecuencia, pesado. 

  Finalmente, a eso de las 14:00 horas, tras recorrer los algo más de 50 kms que separan Castro de Isla, llegamos al camping. Hicimos el check-in y nos asignaron el bungalow número siete. La casa, con todas sus comodidades, se veía confortable en una amplia parcela y con un espacio para aparcar bastante cercano.

Los bungalows del camping.

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  El niño enseguida empezó a curiosear y en un abrir y cerrar de ojos ya se había quedado con todos los detalles. Preparamos la mesa en el porche y comimos unas tortillas que llevábamos preparadas. Ahora tocaba relajarse y disfrutar con el crío...

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La playa de la localidad de Isla.

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​  Aunque la tarde se quedó muy nublada, no llovió. El niño estaba deseoso de ir a la playa para darse un chapuzón y, viendo que la temperatura era muy buena, a eso de las 16:45 bajamos dando un paseo para que Iosu se bañase.

  Estuvimos allí hasta, aproximadamente, las 19:00 horas. El crío, incansable, se pasó todo el tiempo jugando en la arena, entrando y saliendo del agua y corriendo de un lado a otro. ¡! Qué vitalidad ¡!

  Cuando la tarde empezó a caer, subimos al bungalow a descansar y preparar la cena.

Mi hijo jugando en la playa de Isla.

  Anunciaban, para el viernes, un día nublado, pero sin lluvia. Teníamos pensado acercarnos hasta el Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Un día de mucho sol en ese entorno puede ser sofocante...

  Cenamos, preparamos todo para que así, a la mañana siguiente, pudiésemos arrancar lo más pronto posible y acabamos la velada en el porche, disfrutando de la calma y de la brisa del mar que hasta allí se colaba entre las calles del camping. El niño, molido después de tanto ejercicio, cayó rendido enseguida. Era hora de descansar.

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Isla - Parque de Cabárceno - Isla

  Me levanté temprano dejando que el resto durmiese un poco más. Salí a desayunar al porche y efectivamente, comprobé que el día había amanecido plomizo y amenazando lluvia. Sin embrago, la temperatura era ideal para hacer el recorrido del parque, caminando de un lado para otro y subiendo y bajando del coche continuamente.

  Algo antes de las nueve se despertó Iosu y después de que el niño y mi hermana desayunaran, preparamos todo para pasar el día en el parque. Sobre las 10:15 salimos del camping para hacer los 40 kms que separan la localidad de Isla de la de Cabárceno. A eso de las 11:30 entrábamos por el acceso de la zona de los elefantes, es decir, la entrada este desde el pueblo de Cabárceno. Iosu, estaba emocionado y yo feliz al verlo disfrutar de esa manera. 

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Una vista general del espacio que ocupa el parque.

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Los elefantes fueron los primeros animales que vimos.

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Antílopes, impalas, órix, ñus, gacelas... En la zona de los elefantes también habitan muchos bóvidos.

  El Parque de la Naturaleza de Cabárceno no es un zoológico convencional ni un parque natural. Es un espacio naturalizado por la mano del hombre, a partir de la belleza primitiva de su paisaje kárstico, sobre las 750 ha de una antigua explotación minera, a cielo abierto, de la época de los romanos, igual que Las Médulas en León.

  En el parque, la vida se desarrolla en el ambiente más natural posible para los animales que lo habitan. Salvo el instinto de supervivencia, puesto que no necesitan luchar por su alimentación ya que esta se les facilita, el resto de sus actividades están marcadas por su casi total libertad. En la actualidad por su enorme calidad, las instalaciones del Parque de la Naturaleza de Cabárceno están entre las mejor valoradas por los organismos que vigilan las condiciones de vida de los animales. Este parque está concebido con fines educativos, culturales, científicos y recreativos, habiéndose convertido en uno de los mayores atractivos turísticos del norte de España. Hoy en día, acoge a casi 150 especies animales de los cinco continentes. Os dejo el enlace a su web para que, si os interesa, veáis horarios y precios.

  Tras visitar la zona de los paquidermos, antílopes, ñus y gacelas, llegamos a la zona de las aves rapaces justo en el momento que anunciaban la próxima exhibición. Nos acomodamos en las gradas que tienen instaladas para ver el espectáculo y, cámara de fotos en mano, me lancé a sacar fotos a tan maravillosas aves que, acostumbradas a posar pacientemente, se dejaban fotografiar como si de modelos profesionales se tratase.  

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Las rapaces lucía con un porte elegante mientras esperaban su turno en la exhibición.

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El  adiestrador en pleno trabajo.

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Dos aguiluchos expectantes en sus zonas de reposo.

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Un águila americana en pleno picado. Como podéis ver a la derecha, su porte es muy elegante y señorial.

  Después de un buen rato, disfrutando de este entretenido espectáculo, animamos a Iosu para que se hiciese esta foto de arriba, sujetando a este pequeño aguilucho ya que con el águila grande no podía. Después de esto, seguimos la ruta en dirección a la zona de los pequeños roedores. Simpáticas ardillas, lémures o suricatos, conejos, cobayas, tortugas enanas, algunas cabras y ovejas...

  Un sin fin de criaturas que, de no saber que estábamos en un parque, daría la impresión de haberse escapado del mítico "Arca de Noé". Los gestos de la cara de Iosu pasaban, por momentos, del asombro a la incredulidad y de la felicidad al pánico cuando alguno de los animales se le acercaba demasiado. Pasamos un rato entretenido, riendo con los gestos y las reacciones de mi hijo.

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El buitre leonado nos miraba de reojo.

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Iosu con el aguilucho.

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En la zona de los pequeños roedores encontramos conejos, suricatos, hámsteres, ardillas, perritos de las praderas y tortugas.

  Tras dejar atrás a las pequeñas criaturas y controlando el tiempo para llegar a la hora el espectáculo de los leones marinos, llegó el momento de acercarse a los animales más grandes.

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Las jirafas y los osos le llamaron mucho la atención a mi hijo. Muchos de esos animales sólo los había visto en cuentos.

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La comunidad de osos pardos se ha adaptado perfectamente al parque.

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  Jirafas, osos, cebras, rinocerontes, ciervos, monos y muchas más especies, se habían vuelto a "escapar del Arca" y se repartían diseminadas por las laderas de la montaña y las zonas de las antiguas minas de hierro que, tras años de erosión, dibujaban un paisaje que podríamos situar entre lo irreal y lo mágico. 

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Una gran manada de ciervos miraba con curiosidad a mi cámara.

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El robusto rinoceronte pastando a sus anchas.

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La cebra con su traje de "presidiaria".

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Un precioso gamo.

  En un momento dado, dimos un salto en el recorrido para acercarnos a ver el espectáculo de las focas y los elefantes marinos. Al igual que las rapaces, "actúan" varias veces al día y hay que estar pendiente de los horarios para que no se te pasen todas las actuaciones y te quedes sin verlas. La verdad sea dicha, fue uno de los ratos más simpáticos de la jornada, amenizado por un par de simpáticas chavalas que sacaban lo mejor de los animales y de su público.

  Tras aplaudir a las focas y reponer fuerzas comiendo y bebiendo, volvimos al punto donde habíamos dejado la ruta y, después de ver a los gorilas, donde Iosu se compró un peluche, proseguimos colina arriba. Estábamos en la zona de los grandes felinos.

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El espectáculo de los elefantes marinos nos hizo pasar un rato muy entretenido.

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Un perezoso jabalí echando la siesta.

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Una hiena mirando al horizonte.

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Una pareja de gorilas.

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Dromedarios.

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Camellos bactrianos.

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Una pareja de lobos.

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Un simpático canguro.

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En la zona de los bóvidos encontramos los africanos Ankole-Watusi, el bisonte europeo y el bisonte hindú.

  Eran ya las 18:00 horas. A estas alturas de jornada, el crío empezaba a estar cansado... Bueno, el crío y cualquiera. Pero llegábamos a una de las zonas más emocionantes del recorrido... ¡¡ Los leones !!
  Impresionantes "gatitos" de gran belleza y elegancia que, como habían comido hacía poco, estaban bastante tranquilos en su recinto. De todas formas, su porte, su mirada y sus gestos, imponían un gran respeto. Habíamos calculado muy bien, ya que, eran las 18:15 y el parque cierra a la 19:00. 

  Acabamos de ver aquella parte y como remate final nos encontramos con el lince ibérico. Otro maravilloso animal, ágil, astuto, silencioso...

En una palabra... ¡! Precioso ¡! Y así, a eso de las 19:15 horas, salíamos en dirección al camping de Isla.  

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En la zona de los grandes felinos vimos al guepardo, el tigre, el lince y los leones.

  La jornada había sido intensa, cargada de emociones y de sorpresas. A mi hijo, ver los animales tan de cerca le gustó mucho, como a cualquier niñ@, claro está. Ese recuerdo es de los que siempre quedan grabados en la memoria. El tiempo también nos había respetado. Toda la jornada amenazó con llover, pero, al final, nos libramos de tan mala compañía para una jornada como esta. Ahora era yo quien tenía la responsabilidad de llegar bien hasta el camping, todos estábamos cansados. Ellos podían dormir o cerrar los ojos, pero, como comprenderéis, yo no.  
  Bueno, sin ningún contratiempo, llegamos a Isla y allí nos esperaba el bungalow. Descansamos un rato en el porche y tras beber algo, ya que no teníamos apenas hambre, nos fuimos a descansar. 

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Isla - Noja - Isla

  Al final, esa madrugada llovió y el sábado amaneció bastante desapacible. Había refrescado un poco y el cielo estaba encapotado y amenazando más lluvia. Nos levantamos todos con el cansancio de la víspera pegado a nuestras piernas, con sensación de agujetas y con un ritmo cansino. Desayunamos tranquilamente en el porche y a media mañana bajamos a dar un

paseo por la playa. El día no estaba para baños, pero, por lo menos, andar un poco y visitar los alrededores no nos vendría mal. 

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  Isla es un pueblo perteneciente al municipio de Arnuero en la comarca de Trasmiera. La principal actividad económica de la localidad es el turismo. Además de su playa, aquí se pueden encontrar torres medievales como la de Cabrahígo, la de los Novales y la de Rebollar, todas ellas con la categoría de Bien de Interés Cultural. Nosotros, con el crío, nos dedicamos a pasear por la playa.

Mi hijo paseando por los arenales de la playa de Isla.

  La zona era muy relajante, además, necesitábamos descansar un poco de tanto estrés del trabajo, al fin y al cabo, eran nuestras vacaciones. A medio día subimos de nuevo al bungalow y preparamos la comida. Comimos nuevamente en el porche e hicimos plan para, esa misma tarde, visitar la localidad de Noja.

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La playa de Noja. El día estaba nublado pero no llovía.

  Noja dista unos 6 kms desde la localidad de Isla. En su día fue un punto de veraneo de la "jet set" bizkaina pero, yo creo que, en la actualidad, ha perdido algo de tirón. El tiempo seguía igual que por la mañana. La tarde no era lo que se dice "de un día de verano" y la niebla, asentada casi a ras de suelo, propiciaba un ambiente bastante otoñal. El niño, tras jugar un rato al balón, no pudo resistirse a la tentación de meterse al agua y, al final, como era de esperar, acabó mojándose la ropa.

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Poco a poco se iba metiendo al agua hasta que acabó empapado.

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Iosu disfrutó de lo lindo jugando en la playa.

  Viendo que cada vez se ponía más oscuro, decidimos dar un paseo por el pueblo y comprar unos helados. Sobre las 19:15 horas, volvimos al camping. A la mañana siguiente salíamos hacia Asturias, así que, ya en le bungalow, recogimos todo y fuimos al restaurante del camping para cenar y no tener que volver a manchar más cosas. 

  Pedimos una ensalada y algo de "picoteo"... Croquetas, calamares y unas patatas fritas para que el crío comiese algo y, tras pagar la factura de todos los días de estancia y lo que habíamos gastado, volvimos al bungalow a descansar. Tras un rato de relax, sentados en el porche, ya de noche cerrada nos fuimos a la cama. Al día siguiente, cambiaríamos el azul del mar por el verde de la montaña...

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Isla - Fuente Dé - Póo de Cabrales

  Tras desayunar y comprobar que no dejábamos nada olvidado, cargamos las cosas en el Dacia Lodgy y, a eso de las 09:00 horas, arrancamos en dirección Asturias. El punto de llegada, donde teníamos reservada un apartamento, era la pequeña localidad de Póo de Cabrales. Había buscado en Internet un lugar cercano a algún mirador desde donde se viese el Picu Urriellu,

conocido coloquialmente como el Naranjo de Bulnes y encontré esta acogedora casa regentada por un matrimonio del lugar.

  La vuelta se nos ponía en 100 kms más, 51 de ida y 51 de vuelta, pero, con tal de enseñarles el teleférico de Fuente Dé, el desvío bien valía la pena. Yo había estado con mis amigos hacía unos cuantos años, en una escapada que hicimos a Picos de Europa. Me gustó tanto el entorno que pensé en enseñárselo a mi hijo y mi hermana.

  Fuente Dé  es una localidad perteneciente al municipio de Camaleño, comarca de Liébana, en la comunidad autónoma de Cantabria. Este lugar posee un teleférico que une el pueblo con el mirador de El Cable, permitiendo un rápido acceso al macizo Central de los Picos de Europa. El teleférico salva un desnivel de 753 metros, pasando de una cota de 1.070 m a 1.847 m. distancia que salva en poco más de 3 minutos y medio. La capacidad de las cabinas es de 22 plazas. Se comenzó a construir en noviembre de 1962 y fue abierto al público el 21 de agosto de 1966. Es el teleférico más largo de Europa con tramo único. Arriba, existe un mirador con una espectacular vista sobre el valle. Tanto desde el pueblo como desde el mirador se inician diversos itinerarios de montañismo y senderismo. Os dejo un enlace a la web para reservar tickets y ver horarios.

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  Ella, Pilar, es un encanto de mujer, simpática, amable y que se desvive por atender a su clientela. El marido es fotógrafo allí en Cabrales y apenas lo vimos un par de minutos puesto que no trabajaba en el negocio de hostelería... 

  Pero, como nuestra hora de entrada era a las 14:00, había organizado una visita sorpresa antes de ir a Póo. En lugar de desviarnos a la derecha, en la localidad de Panes, seguimos por la carretera N-621 en dirección a Potes. 

El teleférico de Fuente Dé.

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La cola para acceder al teleférico.

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Una cabina subiendo vista desde el mirador de El Cable.

  Salió un día espectacular, con un sol de justicia que, nada tenía que ver con lo que hizo la víspera en Isla. Al crío, el viaje se le hizo un poco pesado, la carretera, estrecha y con muchas curvas, no dejaba correr mucho y tardamos 2h 45min en recorrer los 165 kms de distancia entre Isla y Fuente Dé. Llegamos a nuestro destino a eso de las 12:45 y nos encontramos que, para coger la entrada al teleférico, había una cola considerable. Pero la espera no fue muy larga ya que, el teleférico, que tarda apenas 4 minutos en subir, tiene una capacidad de carga de 22 personas y como siempre sube uno y baja otro pues, el transporte es bastante rápido. 

  El momento de arrancar fue un poco traumático, el crío se asustó cuando el teleférico se puso en marcha, pero, luego, cuando se estabilizó, se colocó conmigo en la parte delantera y disfrutó del ascenso. Arriba, las vistas, son increíbles. Desde al mirador, la sensación de libertad es plena y, al estar todo despejado, pudimos disfrutar de un paisaje infinito. Iosu se puso a jugar con el hielo que quedaba en un nevero, mientras yo aprovechaba para hacer fotos y más fotos.

Iosu jugando en un nevero.

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Una panorámica del corazón de los Picos de Europa.

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Desde la cima se respiraba libertad.

  Comimos unos bocadillos que llevábamos preparados y dimos un paseo por la pista que lleva hasta el Picu Urriellu pero, tras un par de kilómetros, nos dimos la vuelta para volver a las cabinas. Es un recorrido largo y el crío era demasiado pequeño para hacerlo. Puede que, algún día volvamos para completarlo. 

  Bajamos nuevamente en el teleférico, tomamos algo fresco en la cafetería y montamos en el coche para ir hasta la localidad de Potes, siguiente parada antes de ir a Póo de Cabrales. Recuerdo que, en el viaje con mis amigos, paramos a comer en este municipio. Nos metimos entre pecho y espalda un potaje montañés de esos que te alimentan para una semana entera. En esta ocasión no comimos nada, porque habíamos comido en la montaña, pero, tomamos un café y vimos un poco la arquitectura y la urbanización de la localidad que, aunque fue reconstruida casi íntegramente tras la Guerra Civil, su casco antiguo está considerado como Bien de Interés Cultural desde 1983. 

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La primavera ya se sentía con fuerza.

El ganado pastaba al sol en los verdes campos.

  Potes es un municipio perteneciente a la comunidad autónoma de Cantabria. Está situado en el centro de la comarca de Liébana, de la cual es capital. Se sitúa en la confluencia de cuatro valles además y lo cruza el río Deva nacido en altitudes de los Picos de Europa. Como el resto de la comarca lebaniega, Potes disfruta de un microclima de tipo mediterráneo donde abundan el nogal y el chopo. ​

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Distintas vistas de Potes.

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  Tras esta pequeña visita era hora de poner rumbo a nuestro destino final, la localidad de Póo de Cabrales. Desde Potes teníamos que volver hacia atrás por la N-621 hasta la localidad de Panes, donde se junta el río Cares con el Deva, y allí coger el desvío hacia el oeste por la AS-114. En total algo más de 50 kms por una carretera que siempre iba en ligero descenso.

  Esa mañana, antes de salir hacia Asturias, había hablado por teléfono con Pilar, la mujer que regentaba la casa rural donde nos íbamos a alojar las tres siguientes noches y le había avisado de la hora aproximada de nuestra llegada. Después de hora y media larga de viaje, llegamos a Póo Cabrales sobre las 20:00 h. La jornada había sido bastante dura para el crío y un poco para todos. Entre los traslados, el paseo por la montaña y el calor que nos castigó todo el día, llegar a Póo y poder descansar fue muy gratificante. Pilar, una agradable mujer, madura, pero en plena forma, nos recibió con una grata sonrisa y una hospitalidad exquisita. Nos enseñó la casa, nos dio agua y unos refrescos para beber y tras darnos las llaves y el horario por si queríamos desayunar, nos dejó para que descansáramos.

Una vista de los Picos de Europa desde la carretera camino a Póo de Cabrales.

  Póo de Cabrales es un pequeño concejo asturiano del municipio de Cabrales, con capital en Carreña. Rodeado de pastizales, su actividad es tradicionalmente ganadera, dedicada a la producción de leche y a la elaboración artesanal del apreciado queso de Cabrales. El pueblo, en sí mismo, es un mirador que te permite observar el Picu Urriellu (Naranjo de Bulnes) y las impresionantes montañas que lo rodean. Esto se logra en el reconocido Pozo de la Oración, un mirador que se puede encontrar dirección a Cangas de Onís y que cuenta con una zona recreativa y una mesa de picnic para disfrutar de tiempo en compañía de familia o amigos. Al recorrer sus empedradas calles también podrás encontrar patrimonio como el palacio de Cernuda, que data del siglo XVII y cuenta con casa, capilla y un muro circundante. Se trata de un conjunto declarado Monumento Histórico Artístico, ya que no solo mantiene su escudo nobiliario, sino que su fachada frontal tiene un estilo más palaciego con balcones y una galería en la primera planta formada por columnas de piedra. Todo ello único en un lateral de la casa a la reconocida capilla, siendo estas dos fachadas las más interesantes de la edificación.

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  La casa rural El Rincón de Póo alberga en su interior 6 apartamentos independientes, con vistas a las montañas. Tiene capacidad para alojar a 17 personas, en habitáculos de diversas capacidades. Todos los apartamentos disponen de cuarto de baño, cocina americana con nevera, microondas y lavadora, más un salón equipado con televisión y con un sofá cama que puede aumentar en 2 las plazas de cada vivienda. Tiene conexión a Internet y una zona de aparcamiento gratuito.  

El exterior y nuestro apartamento en El Rincón de Póo.

  Es un lugar estratégico para acceder, en pocos minutos, tanto a la montaña, haciendo por ejemplo la Ruta del Cares, Sotres o Bulnes, disfrutando de innumerables rutas de senderismo, o ir hacia la mar y disfrutar de las  playas de Ribadesella y Llanes. Yo descargué el coche y salí a dar una pequeña vuelta de reconocimiento por el pueblo. Tenía unas ganas impresionantes de ver el famoso Picu Urriellu y, tras cenar algo y antes de que anocheciera, salí, bordeando la casa donde nos alojábamos, buscando un ángulo que me permitiese fotografiarlo.

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Distintos rincones del pueblo de Póo de Cabrales.

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Durante mi paseo buscando una foto que me gustase del Picu Urriellu.

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  Tras un rato caminando encontré la foto que os dejo a la izquierda. En plena transición entre el día y la noche, en el crepúsculo vespertino, el Picu se teñía de tonos anaranjados. Un ritual que todas las tardes de verano, cuando las caprichosas nubes lo permiten, se repite como un eterno romance entre el astro rey y la mítica cima de los Picos de Europa. Volví a la casa, descargué las fotos y, tras hacerle caso al niño, me pegué una merecida ducha. Luego repasé el itinerario de la jornada siguiente y a descansar.

  Mi intención era levantarme temprano, muy temprano, y subir a la montaña para hacer la Ruta del Cares, una caminata desde Poncebos hasta Caín, por senderos horadados entre las rocas y vertiginosos barrancos que atraviesan el mismo corazón de los Picos de Europa. Ahora tocaba soñar, mañana tocaría sufrir...

Atardecer en los Picos de Europa... El Picu Urriellu se tiñe con una luz dorada antes del anochecer.

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Póo de Cabrales - Poncebos - Póo de Cabrales

  Me levanté temprano, concretamente a las 05:30 horas, con muchas ganas y ansioso por subir a la montaña. Desayuné sin hacer mucho ruido para no despertar al resto de la "tropa". Luego, cargado con una pequeña mochila donde puse agua, algo de fruta y un par de barritas energéticas y, con mi Nikon al cuello, salí, aún de noche, en dirección a Poncebos.

  El plan era que yo haría la Ruta del Cares y luego bajaría a buscar a mi hermana y al niño para subir a comer al bar-restaurante La Fuentina, sito en el término de Poncebos, en una ladera desde la que se ve el Picu Urriellu. Las primeras luces del día me recibieron llegando al puente de Poncebos. Aparqué y me puse a caminar.

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El hotel Garganta del Cares y las cristalinas aguas del río asturiano.

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  Dejé el coche frente al Hotel Garganta del Cares y, por la pista que nace junto a él, empecé la ascensión hacia Caín. El primer tramo es bastante exigente con un arranque en frío, mucha piedra suelta en el camino y fuertes pendientes que enseguida te infringen un buen calentón en las piernas y una sensación de asfixia que hay que controlar. Además, el sol aparece a tu espalda y, salvo en tramos contados de sombra, te castiga durante todo el ascenso.

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Con el sol a la espalda inicié la subida.

  La Ruta del Cares se abrió en la roca para el mantenimiento del canal de alimentación de la central hidroeléctrica Camarmeña-Poncebos. Este, se construyó entre el año 1916 y 1921 y, posteriormente, ampliado entre 1945 y 1950. Discurre, a lo largo de 12 kms, por la garganta del río Cares, entre la localidad asturiana de Puente Poncebos y la leonesa de Posada de Valdeón pasando por la de Caín, también leonesa. Antaño, la ruta era la única comunicación entre ambos pueblos durante las nevadas de invierno. 

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Las primeras luces de la mañana tiñen todo el paisaje de intensos colores.

 Es un recorrido apasionante entre dos provincias en el área de los Picos de Europa y es una de las más impresionantes y famosas de España. Es conocida como la "Garganta Divina" posiblemente porque corre justo dentro de la roca en las montañas del río Cares. Te dejo un enlace a su web oficial donde podrás encontrar mapas y mucha información de como llegar y donde hospedarse.

  Iba muy a gusto. Ya había roto a sudar y la sensación de ir ganando altura me animaba a no aflojar el paso. Pronto encontré a unas ágiles compañeras de ascensión que subían saltando de risco en risco con una facilidad pasmosa, mientras yo sufría cada paso que daba en los tramos más empinados.

  Llegué a la zona donde la ruta transcurre casi por una cota constante, entre túneles abiertos en la roca e impresionantes barrancos que se pierden en la fina y azulona hilera en la que se convierte el río Cares. Los kilómetros iban cayendo y, a su paso, yo iba descubriendo unos paisajes increíbles; la naturaleza en estado puro... Mientras tanto, la lucha interna de uno mismo contra sus límites, perdido en la grandeza de un territorio casi salvaje, pero, acogedor y hermoso, me hacia sentirme libre y lleno de vida.

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Mis compañeras de ascensión.

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Distintas vistas de la ruta.

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La ruta atraviesa túneles horadados en la roca y transcurre junto a imponentes precipicios. El paisaje es espectacular.

  La mañana avanzaba más rápida que lo que avanzaba yo y pronto empecé a intuir que no podría llegar hasta Caín. El compromiso adquirido de recoger a mi hijo y a mi hermana para ir a comer, me iba a impedir terminar mi "gesta". Había andado unos 9 kms de los 12 que aproximadamente tiene la ruta. Pero, esos 3 kms, más otros 3 de vuelta hacían que, lo que me faltaba, eran 6 kms más de recorrido. Esto, traducido en tiempo, eran unas 2 horas más de travesía.  En una curva del camino, divisando el Puente Bolín y, muy a mi pesar, tuve que dar la vuelta y volver sobre mis pasos. Algún día volveré, quizás con mi hijo, quizás con otra persona, pero... Volveré.

  La vuelta se me hizo bastante más dura. Entre la pequeña decepción por no haber llegado a Caín, el cansancio acumulado y el sufrimiento que supone para las plantas de los pies y las rodillas tener que ir frenando en la bajada, la verdad es que el regreso fue un verdadero martirio. A eso de las 12:45 estaba en el Hotel Garganta del Cares bebiendo una botella de agua fresca. Luego recogí el coche y volví hasta Póo de Cabrales para ducharme y recoger a la familia. Un poco apenado por no haber podido llegar hasta Caín... Pues sí, pero, a la vez contento. Contento por haber podido disfrutar de paisajes inolvidables y de haber podido comprobar que, si uno se propone hacer algo, con esfuerzo y tesón se consigue.

  Bueno, había que pasar página y continuar con la jornada. Ahora, tras el tiempo que me había cogido para mi disfrute, tocaba dedicarle la atención al niño y hacerle pasar un día agradable. Yo, particularmente, estaba destrozado, me pesaban las piernas y tenía los dedos de los pies casi en carne viva provocado por el roce de las botas en la bajada.

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Imágenes del río Cares, con sus aguas color turquesa.

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  Volvimos a Poncebos y concretamente al Hotel Garganta del Cares, pero, en esta ocasión, giramos a la derecha justo por la parte trasera del hotel y, ascendiendo por una estrecha carretera con curvas de 180º, llegamos al bar-restaurante "La Fuentina".

  No había mucha gente y comimos tranquilamente. Recuerdo que yo pedí un potaje montañés con todos sus sacramentos que, aunque hacía calor, me entró de maravilla para reponer las fuerzas que había quemado esa mañana. 

El bar "La Fuentina" un lugar escondido entre las montañas.

  Medio siglo antes, en 1855, el geólogo alemán Guillermo Schulz, autor del primer mapa topográfico de Asturias, fue el que rebautizó al Picu Urriellu como "Naranjo de Bulnes", seguramente a causa de un capricho poético que le llevó a sustituir su nombre original por ese que enfatizara el color anaranjado que exhibe la imponente pared de caliza cuando se encuentra con el sol y, a su vez, tuviera en cuenta el bucólico pueblo de Bulnes que se asienta no demasiado lejos de su base.

  Sí, el Picu Urriellu como lo llaman los locales, que, como toda montaña mítica que se precie, tiene tras de sí multitud de historias. Éxitos y fracasos, alegrías y tristezas, reencuentros y despedidas para siempre.

  Tras la comida, dimos un paseo por la ladera y nos acercamos hasta el mirador del Picu Urriellu. Allí, junto a unos versos dedicados a la montaña, una placa en memoria de Pedro Pidal y Gregorio Pérez "el cainejo", recuerda que el 5 de agosto de 1904 fueron los primeros montañeros en ascender sus 2.519 m.

Al fondo, el "Picu Urriellu".

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La niebla entrando en la montaña.

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Iosu jugando junto al río.

  A media tarde la niebla empezó a bajar por las laderas de la montaña y decidimos ir a tomar algo a Arenas de Cabrales. Allí, junto al rió Cares, en una verde campa, jugamos un buen rato al balón y dejamos que el crío se desfogara corriendo y saltando. Tras beber algo fresco y hacer algo de compra volvimos al Rincón de Póo. 

  Mientras descargaba las fotos, preparamos algo para cenar y tras un rato de charla y un poco de relax, nos fuimos a dormir. Yo estaba molido. La jornada siguiente estaba destinada a subir hasta Covadonga y sus famosos lagos...

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Póo de Cabrales - Lagos de Covadonga - Póo de Cabrales

  Comenzaba el último día del viaje. Yo, particularmente, me levanté bien, aunque me dolían un poco las piernas y tenía la uña del dedo gordo del pie derecho un poco negra. La presión de las botas, en el descenso, me había machacado los dedos, pero, bueno, nada que no se pudiese sobrellevar. 

  Nos levantamos sobre las 08:00 horas. Desayunamos y llenamos la nevera con agua fresca, zumos, algo de fruta, una ensalada de arroz que habíamos hecho la víspera, un poco de fiambre y pan de molde. Cargué el coche y sobre las 09:15 salimos hacia Covadonga.

  A las 09:50 estábamos al pie de la cueva de "la Santina", como la llaman los asturianos. Se trata de una gruta en las estribaciones del Monte Auseva, que da nombre a la parroquia de Covadonga en el concejo de Cangas de Onís. 

  Cangas de Onís fue capital del Reino de Asturias hasta el año 774. En esta población se estableció el rey don Pelayo, y desde aquí emprendió con sus gentes acciones sobre los territorios del norte de España, como único foco de resistencia al poder musulmán, una vez desaparecido el Reino visigodo. En este término municipal tuvo lugar en el año 722 la batalla de Covadonga, donde don Pelayo venció a las fuerzas musulmanas y consolidó un poder y prestigio que le permitió permanecer independiente y fundar el primer reino cristiano posterior a la derrota de los visigodos en la batalla de Guadalete. Próximo a la ciudad de Cangas de Onís, se encuentra el Santuario de la Virgen de Covadonga, que alberga la tumba del rey don Pelayo. Más de 2000 hectáreas del concejo forman parte del Parque Nacional de Picos de Europa. A 12 kilómetros de Covadonga se encuentran los llamados lagos de Covadonga que son tres: el Enol, el Ercina y el Bricial, aunque este solo tiene agua durante el deshielo. 

  Con respecto al santuario, el elemento principal es la Santa Cueva, donde se encuentra la Capilla-Sagrario con la imagen de la virgen y la tumba de Don Pelayo. Cerca de la Santa Cueva y el conjunto monacal se alza la Basílica de Santa María la Real de Covadonga. Ideada por Roberto Frassinelli y levantada entre 1877 y 1901 por el arquitecto Federico Aparici y Soriano, de estilo neorrománico construida íntegramente en piedra caliza rosa. Te dejo el enlace a su web.

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La Basílica de Covadonga, la famosa cueva de "la Santina" y el monumento a Don Pelayo.

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  Las crónicas musulmanas sobre la Batalla de Covadonga dicen que en esta cueva se refugiaron las fuerzas de Pelayo, alimentándose de la miel dejada por las abejas en las hendiduras de la roca. Las crónicas cristianas, como no podía ser de otra manera, afirman que la intervención milagrosa de la Virgen María fue decisiva en la victoria, al repeler los ataques contra la cueva. No entiendo el porqué de tanta mezquindad de la iglesia con todos los sucesos relevantes a lo largo de la historia.

  Según las crónicas de la época y como tod@s ya sabéis, la conocida como Batalla de Covadonga tuvo lugar en el año 722 en un paraje próximo a Cangas de Onís (Asturias), entre el ejército astur de Don Pelayo y tropas de Al-Ándalus, dirigidas por el general Al-Qama, que resultaron derrotadas. Esta acción bélica desembocó en la fundación del Reino de Asturias y se considera el inicio de la Reconquista.

Algunos detalles de la arquitectura de la basílica.

​  Subimos a la gruta y anduvimos por su interior. Luego fuimos a ver la basílica y tras visitar el monumento a Don Pelayo, situado tras ella, a eso de las 11:30 subimos hacia los lagos. Los 12 kms de ascensión hasta la cima, por la AS-262, se hacen en apenas media hora, por una carretera bien asfaltada y con muchas curvas, que nos deja en una cota de 1.122 m de altitud. La mañana estaba maravillosa, soleada y fresca, ideal para dar unos paseos por tan bellos parajes. Dejamos el coche en unos de los parkings habilitados para ello y nos lanzamos a recorrer una de las infinitas pistas que atraviesan la zona.

Al fondo la basílica vista desde dentro de la cueva .

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El lago de Enol, el de abajo (oeste).

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El lago de la Ercina, el de arriba (este).

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  Mi hermana y mi hijo se quedaron abajo, jugando junto al lago de Enol. Yo, sin embargo, seguí ganando altura y subí hasta el otero que divide las dos vertientes, llamado Mirador de Entrelagos. Desde allí hice la panorámica que abre este diario. Las vistas eran impresionantes. Tras pasar un rato allí arriba, contemplando el panorama que se abría ante mis ojos, bajé a reunirme con el resto de la familia para buscar un sitio con sombra y disponernos a comer.

Distintas vistas de los lagos.

  La verdad es que, en esa zona, expuesta al sol y sin apenas arbolado, era misión imposible encontrar un espacio con sombra y, si lo había, ya estaba ocupado. Entonces volvimos al coche y decidí bajar hasta el paraje que llaman "Mirador de la reina" donde, al subir, me fijé que sí había algún que otro árbol. Allí, sí, junto a una pareja que había subido en un Seat 600 de color rojo, plantamos nuestro pequeño campamento y comimos en una zona habilitada para ello, con mesas y bancos de madera colocados entre unos árboles bajos que proporcionaban algo de sombra. Tras la comida, jugamos al balón y al escondite y después de descansar un rato, a eso de las 17:30 pusimos rumbo a Póo de Cabrales. 

El mítico Seat 600 y los "domingueros" comiendo al fondo.

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  Al bajar, como obligatoriamente debíamos pasar por Covadonga, aprovechamos y tomamos un café en un bar-restaurante ubicado en la pequeña rotonda que da acceso al entorno de la basílica. Compramos algún dulce y unos imanes y a continuación partimos, ahora sí, hacia nuestra casa en Póo. De regreso, viendo la preciosa luz que envolvía la tarde, paramos en el mirador del Pozo de la Oración un punto, al pie mismo de la carretera, desde el que se tiene una maravillosa vista del valle, cerrado al fondo por la majestuosa silueta del Picu Urriellu. Yo quería aprovechar para hacer unas fotos, sin embargo, Iosu estaba cansado y quería irse a casa. Les acerqué hasta el apartamento y, al cabo de un rato, volví esperando un atardecer espectacular.

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El mirador de "El Pozo de la Oración", un punto ideal para contemplar la skyline del Picu Urriellu.

  Llegué de nuevo al mirador y dispuse todo el equipo; coloqué el trípode, calcé el tele-objetivo y busqué el ángulo y el encuadre perfecto. Sobre las 20:50 horas estaba ya, apostado, esperando la llegada del crepúsculo. A eso de las 21:10 comenzó a reinar la mágica "hora azul" y entonces me di cuenta de que había acertado de pleno.

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El  Picu Urriellu en plena "hora azul", con su pared oeste teñida de ese tono anaranjado que le dio el nombre de "Naranjo de Bulnes".

​  El sol, buscando la línea del horizonte, empezó a teñir de naranja la cima de la pared oeste del Picu y todo el cresterío que lo escolta. Concretamente, a las 21:43 horas de ese maravilloso 6 de julio, conseguí la imagen que os enseño sobre estas líneas. Parecerá una tontería pero, me sentía realizado, feliz, orgulloso de lo que había conseguido. Era una de las cosas que venía a hacer y me había salido bien.

  Tras comprobar que la imagen era buena, recogí todo y volví al apartamento. No tenía ni hambre, ni sed, ni sueño... estaba lleno interiormente, alimentado por una sensación de saciedad, como si esa fotografía fuese un maná celestial. Ya sé que tampoco es para tanto, pero la sensación de conseguir lo que venía persiguiendo me producía ese estado de plenitud.

  Ya en el apartamento, descargué las fotos y comprobé en el ordenador que estaba todo bien. Luego, tras recoger todo para la marcha del día siguiente, bajamos al patio de la casa para tomarnos algo fresco en la terraza allí montada. Estábamos solos en la casa rural, habíamos tenido vecinos, pero ya se había marchado. Un rato de charla, recordando lo que habíamos vivido estos días y mi hijo se fue a descansar... Mañana tocaba viaje de vuelta a Euskadi. Yo, cebado por los resultados anteriores, me vine arriba y volví al mirador. Tenía la intención de hacer una toma circular de las estrellas con el Picu Urriellu de fondo. La idea era buena, pero... No salió bien.

 

  Así que, con la sensación de haber perdido un par de horas de sueño, volví al apartamento para meterme en la cama.

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Póo de Cabrales - Astigarraga

  Un poco decepcionado por los malos resultados del último intento de la noche pasada, me levanté muy temprano ya que, antes de marcharnos, quería volver al mirador e intentar captar la otra imagen del Picu, es decir, la luz en la cara este. A las 06:30 horas estaba ya, con todo preparado, esperando la luz propicia. Posteriormente, sobre las 07:03 horas hice esta captura que, al

igual que la noche anterior, me volvió a llenar por completo. 

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Amanecer en el  Picu Urriellu, esta vez su pared este es la que se tiñe de anaranjado.

  Cuando finalmente amaneció, recogí todo y volví al apartamento. Habíamos quedado con Isabel en que ella nos preparaba el desayuno esa mañana y así dejar todo recogido de víspera. Espabilé a la tropa y bajamos a desayunar. La mujer, muy familiar, y cariñosa como una madre, nos atendió con todo detalle. Cambiamos algunas impresiones y quedamos en que, si era posible, el año siguiente volveríamos de nuevo a pasar allí unos días.Hicimos cuentas, pagué la factura de los gastos de todos estos días y, tras cargar el maletero del coche, arrancamos dirección Euskadi. Teníamos por delante 290 kms, es decir, algo más de tres horas de coche que hicimos sin ningún contratiempo.

  Esta fue nuestra primera experiencia por tierras astures. Disfrutamos de bonitos momentos, conocimos nuevos pueblos y paisajes y, sobre todo, buena gente en el camino.

Asturias... ¡! Volveremos ¡!

© F. J. Preciado 2013

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